Todo
pueblo establece su ritualidad como respuesta a su cosmovisión, creencia
o fe.
El
pueblo del Altiplano, peruano y boliviano,
es profundamente cristiano por herencia
hispana y fundamentalmente andino, por reciprocidad
a lo que recibe de la madre Naturaleza,
su padre Sol y de sus protectores: “Apus”
y Deidades.
Como producto de este sincretismo se mantienen vigentes, en
su popularidad, ritos propiciatorios, de agradecimiento y
de recordación. Los dos primeros son complementarios en un
ciclo de vida básicamente productivo y los de recordación
están movidos por el amor a sus seres queridos o por la fe.